
Dejen de tratar sus lámparas UV como si fueran desechos que se pueden tirar fácilmente. Seamos honestos: la mayoría de los sistemas de esterilización por UV están diseñados para fallar. Las compras, funcionan por un tiempo, y luego las bombillas se queman o el vidrio se nubla. Es un ciclo interminable de reemplazos, lo cual representa un problema para su equipo y un verdadero desastre para el planeta.
Hemos decidido ponerle fin a esto. Nos alejamos de los componentes “consumibles” y construimos sistemas que realmente duren.
El secreto está en el vidrio
La mayoría de las lámparas se dañan pronto porque los materiales utilizados son de baja calidad. El cuarzo se vuelve amarillo, los electrodos se dañan, y la potencia de emisión de luz disminuye drásticamente. Nosotros hacemos las cosas de manera diferente: utilizamos cuarzo sintético de alta pureza, sin aditivos baratos. El vidrio permanece transparente, lo que significa que la luz puede pasar a través de él, en lugar de quedar atrapada en su interior. También utilizamos tungsteno de alta calidad y cátodos de mejor rendimiento.
¿El resultado? Ya no hay daños prematuros en las extremidades de la lámpara. La lámpara simplemente sigue funcionando sin problemas.
Mantenerla limpia (y fría)
Hemos reducido al mínimo la cantidad de mercurio utilizado, porque, francamente, nadie quiere ese material en sus instalaciones. Pero aquí está el verdadero truco: el calor. Cuando una lámpara se calienta demasiado, el vidrio sufre estrés y la potencia de emisión disminuye. Para solucionar esto, hemos creado un sistema de enfriamiento de circuito cerrado. Basta con asegurarse de que el flujo de aire sea adecuado para mantener la temperatura estable.
Facilitándole la vida
No es necesario desmontar todo su sistema para utilizar estas lámparas. Mantuvimos las dimensiones estándar, por lo que se pueden instalar directamente en los racks existentes. Sin necesidad de soportes adicionales, ni perforaciones, ni complicaciones.
Lo mejor de todo es el horario de mantenimiento. En lugar de revisar las lámparas cada mes, puede hacerlo cada tres meses o incluso cada seis meses. Es un intercambio sencillo: invierte un poco más en calidad desde el principio, y a cambio obtendrá menos tiempos de inactividad y menos residuos. Tiene sentido.